
El principio de funcionamiento de una caldera de condensación es el siguiente: en los humos procedentes de cualquier combustión existe una proporción de vapor de agua que contiene una energía. Esta energía, contenida en los humos, que en una caldera convencional se expulsa por la chimenea a casi 200ºC, es recuperada a través de un intercambiador, convirtiendo este vapor en agua y transformándolo en una energía adicional.
Una vez aprovechado ese calor latente de los humos que es enviado de nuevo a la instalación de calefacción o de agua caliente sanitaria, estos salen por la chimenea a unos 55ºC.
Con todo esto, el rendimiento sobre el PCI de este tipo caldera supera el 109%, lo que se traduce en un importante ahorro en la factura de gas y unos niveles de emisiones contaminantes extremadamente bajos.